De Celoso Enfermizo A Cornudo Consentido

Debo comenzar mi historia declarando que es absolutamente verídico, sin invenciones ni mentiras que abocarían a la lectura a un mero pasatiempo. Declaro que es verídica de cómo el cerebro puede variar de sensaciones y pensamientos muy rápido, en segundos todos tus valores pueden variar de un lado para otro sin darnos cuenta…

Mi nombre es Daniel, ahora mismo tengo 34 años, coetáneo de Laura, mi esposa, con la cual contraje matrimonio hace 10 años, yo con mucho esfuerzo me convertí hace 15 años en un hombre de prestigio empresarial y de mi mano mi señora esposa, una digna y fiel ama de casa, que admiraba como se desarrollaban los acontecimientos, mi fortuna gracias a mis empresas de construcción iba a más de promocionar 4 chalets en la costa brava, llegué a construir rascacielos en Benidorm, Madrid, y Barcelona.

Deciros que este relato comienza alrededor de hace 5 años, nos fuimos a vivir a una urbanización de lujo de la costa malagueña con una mansión enorme con sus consiguientes lujos.

Pero antes de esto deberías narraros como somos físicamente y en comportamiento ambos, yo debo de reconocer que fui mermando físicamente,1.83 de estatura y algo gordito a pesar de mi fortuna económica mi aspecto físico provocó en mi numerosos complejos que ni con cirugía conseguí eliminar, sin embargo Laura por esa época y hoy aun conserva era una belleza absoluta, morena angelical,algo mas bajita que yo, un culo devastador y unos pechos magníficamente naturales, en definitiva la bella y la bestia, una diosa autentica con un monstruito.

Pero sería por el cariño que reinaba entre ambos o el paso del tiempo ella vivía enamorada de mí, me admiraba plenamente a pesar de mis deficiencias fisicas,lo cierto es que llamabamos la atención y en ocasiones notaba como la gente nos miraba con cierta mofa por esas diferencias físicas.

Yo por esa circunstancia era muy celoso, ver como la deseaban los demás hombres, como la piropeaban provoco en mi autenticas pesadillas pero ella o se hacia la desinteresada o hacia como que no notaba el deseo que despertaba en los demás hombres, tales eran mis celos que pudo ser una de las causas por las que nos recluimos en esa mansión a 10 km de la vida social y ambiente, ella carecía de carne de conducir por lo que se podía decir que vivía enclaustrada en esa mansión.

Le confesé a mi mujer que me mataban los celos, que la mirasen, que la desnudaran mentalmente y ella me tranquilizaba diciéndome que ella estaba muy enamorada de mi y que solo la gustaba yo, la verdad es que eso me gustaba y protegía mis inseguridades de algún modo, en ese momento la instale hasta un gimnasio en casa, su figura era cada día mas espectacular y la mía iba a peor, mil comodidades teníamos.

Pero como es decía antes, paso el tiempo y después de unos 3 años de casado sobre los 35 llego el tedio, la notaba que quería salir, tener contacto con la ciudad, conocer gente, ir de compras, lo que a mí me disgustaba por completo, la quería solo para mi, que no la mirase nadie.

No sabía qué hacer la cabeza me decía que ella no podía estar en aquella cárcel de oro todo el diasque podía tener amigas, hacer cosas que cualquier mujer querría tener, su tiempo etc.

Un día decidí hacer una fiesta en mi casa e invitar a mis empleados con sus respectivas novias y esposas y de ese modo socializar a Laura, esa noche Laura disfruto como ninguna siendo el centro de atención de todo el mundo por su simpatía y belleza, charlaba con unos y con otros, se intercambio teléfonos con otras mujeres, empezó a hacer amistades, yo me sentía cómodo viendo como la hacía feliz abriendo un poco la puerta de la sobreprotección.

Laura me lo agradeció, decía que estaba muy contenta por mi cambio de actitud y que no hacía nada malo por quedar con más chicas y bajar a la ciudad a tom

ar café o ir a la playa, mis celos parecían calmarse.

Sin embargo un día que acudí a mi empresa, escuché sin querer como dos de mis empleados hablaban de lo buena que estaba mi mujer y de que puntazo tenía, que tenía en la fiesta a todos los hombres embobados desembocando en mi un enfado absoluto, cuando llegué a casa ese día le confesé a mi mujer la conversación que había escuchado y me dijo que no pasaba nada, que ella no podía evitar gustar a los hombres y que si prefería que engordase y se pusiese fea.

En ese momento comprendí que prefería tener una mujer bonita a mi lado a pesar de los problemas que conllevaba para mí. Los días pasaban y nuestras relaciones sexuales caían en la monotonía, ella no disfrutaba lo notaba y eso hacía que me viniera abajo.

Poco fui aceptando que era muy poco para ella en todos los sentidos, sentía como ella no quería lastimarme, no quería partirme el corazón, me esforzaba por satisfacerla en la cama pero no lo conseguía parecía como si la diese asco hacerlo conmigo, nuestras relaciones cada vez iban a menos a ella la disgustaba hacerlo conmigo, hablar de sexo era bronca asegurada, ella cada vez le interesaba menos el tema. Yo me centre más en el trabajo y ella en salir con sus nuevas amigas de compras y aprovechar su tiempo de ocio.

Todo iba en picado, hasta que varios hechos repentinos cambiaron la situación, un sábado por la mañana me dice que iría a Marbella de cena con sus nuevas amigas y que si se lo permitía lo cual acepte a regañadientes y que luego irían a tomar una copa a un local conocido como «panamá».

Me ofrecí ir a recogerla a las 2 de la mañana a la salida de ese pub, ella me dio un beso y me dio las gracias.

Llego la noche y allí estaba yo en la puerta de aquel pub esperando a mi guapa esposa, que apareció con una minifalda roja espectacular y un escote tremendo junto con una borrachera importante, se metió en el coche y me dijo que lo había pasado genial, que hace mucho tiempo que no había reído y bailado tanto, llegamos a casa y lo que paso fue poco común al meternos a la cama, empezó a darme besos y a estar muy cariñosa diciendo lo mucho que me mucho tiempo que no se mostraba así conmigo, parecía increíble lo desataba que estaba su borrachera ayudaba bastante, ella me decía que el alcohol y los bailes la habían encendido mucho, y yo como tonto la dije que tenía que repetir más veces las borracheras con sus amigas.

Estaba absolutamente empapada, metí los dedos en su vagina y jamás lo había visto así en mi vidala pregunte a que era debido y me dijo que solo eso al alcohol, la pregunte si los hombres la miraban y ella me dijo sin cortarse que muchísimos, dije que era una puta y ella me dijo que si pero que solo lo haría conmigo que jamás me engañaría, yo estaba como loco jamás había hecho el amor así con ella, yo seguía insultándola mientras la penetraba, estaba a tope y ella muchísimo más, te ha mirado el escote? ¿Te ha dicho que querían bailar contigo?

Ella contestaba que todo que si, ¿te ha gustado eso? Contestaba a todo afirmativamente, pero que ella me era fiel. Nos corrimos los dos como locos y se quedó dormida, esa situación provocó un morbo extraño en mi, me sentía tan celoso pero a la vez tan excitado porque mi mujercita se pusiera así que me humillara que me dijera que hombres guapos la habían tirado los tejos, me sentía inferior, feo, gordo y me encantaba serlo, me encantaba ser el último mono un monstruo de la naturaleza.

A partir de ese día cada vez que hacíamos el amor la obligaba a que me llamara monstruo, qué me dijera que no valía para nada, que había hombres que me daban mil vueltas, ella se lo tomó a broma, pero a mí esa situación humillante me reconfortaba, toda esa semana igual, haciendo el amor como conejos, llegó el sábado y la pregunté si no salía con sus amigas, ella me miró con una sonrisa de sorpresa.

Me preguntó ¿de verdad me dejas salir dos fines de semana seguidos cariño? Como has cambiado tanto? yo le contesté que me alegraba verla ten contenta, ella ni se lo creía, se puso espectacular, un pantalón apretadísimo y un escote enorme y apretado, me dijo que si la iba a buscar yo o si volvía en taxi, la dije que como quisiera, a eso de las 11 de la noche recibo un sms y

me pone que llegará en taxi que estaba en «panamá» y que se lo estaba pasando muy bien, yo estaba embaladísimo imaginando lo borracha que estaría y los moscones que tenía alrededor.

Apareció por casa a eso de las 5 de la mañana absolutamente borracha y diciendo que los hombres eran muy malos y que la habían dicho muchas cosas malas sobre todo dos jovencitos y que les tuvo que espantar rapidilla, empecé a acariciar su clítoris y me decía que esos chicos la habían puesto a mil, que yo era un cabrón y que tenía en su imaginación aquellos chiquitos, yo le decía que era una golfa y que pensara que se la estaban clavando ellos, ella se corrió como una loca, la obligaba a que me llamara cornudo, ella me escupía como si fuera la última escoria del mundo, si deseas tíramela, me decía muy cachonda ella.

Así pasaron los días hasta que varios fines de semana después apareció por casa con una pegatina, en la camisa, yo no le di más importancia, esa misma semana entre semana asistí con unos amigos en el «panamá» era un local entretenido con camareras simpáticas, hasta que llegó el jueves y además de camareras había dos camareros de cuerpo impresionante, dos auténticos sementales, guapísimos, me presenté, se llamaban Phil y Hans, eran alemanes y me contaron que trabajaban allí los fines de semana.

En ese momento entendí que mi esposa llegaba caliente de ver a camareros guapos, además de los piropos de los clientes, ese mismo jueves entendí porque mi mujer llevaba una pegatina en la camiseta, los camareros, sobre todo Hans, hacía un baile con las clientas y la que mejor bailaba la ponía una pegatina y le invitaba una copa, en ese momento no entendí como mi mujer no me había comentado ese jueguecito de la pegatina, me puse fachendismo pensando como mi esposa podría bailar con aquel alemán como dos actores porno, porque tipo tenían él y ella, me empalmé en ese momento, solo quería llegar a casa y hacer el amor a mi esposa, pero ella estaba dormida y decidí no molestarla y me metí al baño a masturbarme varias veces, al día siguiente no le comenté a mi esposa que sabía como había traído esa pegatina en su vestido.

Llegó de nuevo el sábado y Laura volvió a salir, llegó en taxi casi a las 8 de la mañana otra vez borracha y otra vez con la pegatina pegada. Yo le dije que pasaba, me hice el tonto y le dije que menudas camareras había en ese local que estuve entre semana tomándome unas copas, ella se empezó a reír y me dijo que había varios camareros y me dijo que había estado bailando con uno de ellos, le dije que se llamaba Hans y que estaba buenísimo, yo le dije que cerrara los ojos y que pensara que era Hans quien le hacía todo eso, no sé cuantos segundos tardaron en que llegara a su orgasmo, a que soltara flujos por todos los sitios.

Continuara…