Instinto Basico

No hay nada que me excite más que ver a mi pareja excitada por mi. Esa tortura me provoca placer.

No hay nada que me excite más que ver a mi pareja excitada por mi. Esa tortura me provoca placer.nta provocarle. Eso de notar su mirada clavada en mi carne me pone a cien. Adoro ver como bizquea si me quito el sujetador frente a él haciendo como que no me doy cuenta de sus miradas. Agacharme para recoger algo del suelo sabiendo que mi bata corta deja al descubierto prácticamente todo aquello que le pone.

A veces, cuando está mirando una película me pueden las ganas de poner mi cara en su muslo, muy cerquita de su amiguito y notar como se tensionan sus pantalones.

Es adorable verlo babear cuando, al salir de la ducha, me pongo crema por todo el cuerpo mientras él se lava los dientes. El verlo quitar el vaho del espejo para simular que se mira en el al cepillarse. Me encanta

Así es desde el primer día que decidimos vivir juntos . Soy consciente de que la monotonía puede acabar con cualquier relación y estoy empeñada en que esa cosa no se acerque a la mía.

Pero no solo lo caliento. No me atrevería a dejarlo excitado y que acabe masturbándose él solo. Ni de broma.

Solo le doy la pimienta justa para que no pierda el interés…

El juego empieza temprano. Cuando aún estamos medio dormidos. Se como se “despierta" su amiguito y ,como quien no quiere la cosa, me pego de espaldas a él. Dejándole notar la dureza de mis carnes. Apretándolo contra mi como si buscase su calor…El pobre….

Unas medidas bien estudiadas. Lo justo para notar esa dureza incrustarse un poquito entre mis glúteos, pero si ir más allá. Cuando veo que reacciona me levanto con la excusa de ir al baño. Su cara es un poema.

Salgo del baño , después de ducharme, con una bata cortita, justo hasta el nacimiento de mi culo. Me voy a la cocina.

Allí, mientras se tuesta el pan y hierve la cafetera. Mientras trituro algo de tomate para las tostadas y saco la mantequilla de la nevera , entra el muchachote con cara de querer más cama ,y no para dormir precisamente. Pero de eso nada. Toca desayunar.

Quizás me de una nalgada cariñosa al pasar a mi lado o se frote contra mi mientras me abraza por la espalda para darme un beso en el cuello. Adorable.

Desayunamos uno frente al otro. Quizás mi bata esté demasiado abierta en mi pecho…quizás.

Salimos hacia el trabajo , cada uno en su coche, después de darnos un beso. Noto en mi nuca su mirada.

Durante el día, igual se me ocurre mandarle una foto insinuante bajo mi falda o le haga un comentario algo morbosillo hablando de algún sueño por “realizar".

Cuando llega la tarde y vuelvo a casa , él ya lleva un rato esperando. Sentado en el sofá, duchado y limpito bajo sus pantalones del pijama, nada en su parte de arriba. Lo devoraría allí mismo. Pero no, tiene que esperar.

Algo de cena, un sofá amplio para ver alguna película en el o directamente a la cama donde hacer lo mismo pero acurrucaditos uno contra el otro bajo las sábanas.

Yo, por supuesto, solo con unas braguitas, tanga a ser posible. Tiene que notar mi calor, mi carne tibia.

Por “descuido” dejó una mano justo donde acaba su vientre. En el límite. Mi cabeza en su pecho, aspirando su olor.

Lo cierto es que casi nunca terminamos de ver ninguna película.

No tardó en notar como se levanta la sábana. Ese pijama es demasiado holgado…levantó los ojos con una sonrisa pícara. Esta a punto de caramelo. Dejo la mano resbalar un poquito. Lo justo para rozarlo justamente donde más alta esta la sábana.

Su mano aprieta mi hombro ansiosa. Casi haciendo daño.

Me pego algo más a él, si es posible. Mi pecho se clava en su costado. No puede soportarlo más, me muero de risa pero estoy caliente yo también.

Levantó la sábana hasta poder ver ese paquete encerrado en su jaula de tela.

Beso su pecho. Sus pelitos hacen cosquillas en mi nariz, no me desagrada. Beso un pezón sonrosado. Escucho un pequeño gemido.

Para entonces mi mano ya bucea bajo la tela del pijama. Esta muy caliente esa zona. Rozó esa cabezota con mi dedo, noto las primeras gotas de su preseminal. Llevo el dedo a la boca, me gusta ese sabor.

Saco la lengua a pasear y encuentro un pezón duro, casi lo muerdo al notarlo en mi boca.

Su mano baja por mi espalda hasta llegar a mis redondeces y ahora soy yo la que gime al notar sus dedos entre ellas. Pero sigo a lo mío.

Ahora si, me hago dueña de esa dureza que anhelo en cualquier parte de mi. Bajo la cabeza hasta meterla bajo la sábana. En la casi oscuridad, puedo ver ese trozo de carne. Me relamo.

Levanto un poco mi espalda para permitirle seguir curioseando entre mis carnes. Casi roza la parte más íntima de mi, pero se queda en “el previo”, tampoco se siente mal. Sus dedos son suaves y delgados, se cuelan fácil en cualquier sitio.

Abro la boca y su carne casi me llega a la garganta. Esa asfixia me pone a mil.

Lamo cuando puedo, dejo que mi saliva lo lubrique bien. Mi mano acaricia sus bolas, las balanceo entre mis dedos suavemente mientras noto una pequeña arcada.

Al demonio la película.

Así seguimos un rato. Lo justo para notar que sobran las sábanas y cualquier tela.

Tira de mi alejándome de mi presa. Me tumba de espaldas mientras sujeta mis manos sobre mi cabeza. Me siento húmedamente prisionera.

Se apodera de mis pezones hasta hacerme gemir agitadamente. Si él está caliente yo lo estoy más.

Baja por mi vientre mientras separa mis piernas con las suyas. Se muy bien donde va y sabe como hacerlo. Me dejo.

Su aliento se estrella contra mi pubis. Gimo.

Una lengua curiosa se pasea desde mi monte de venus a mis inglés, evitando rozar la carne más jugosa. Un rastro de saliva caliente me deja boqueando .

Sus dedos sabios separan mis pliegues y sopla ligeramente entre ellos. Ese aliento me da escalofríos ,pero no precisamente de frío.

Lo siento pasearse por todo el contorno. Su lengua sabe donde va.

Un dedo juega en mi entrada insinuante pero sin entrar, solo toca en la puerta .

Separo mis piernas a conciencia.

El calor húmedo me invade cuando lo noto acercarse a la parte superior de mi sexo. Me falta aire. Tiemblo.

Suavemente, casi con timidez, da unos pequeños toques en mi botón mágico. Sin ir a más, lo justo como para provocar sacudidas en mi nuca. Lo odio.

Después es la calidez de una lengua húmeda la que se apodera por entero de mi clítoris. Ahora casi grito. Mis caderas ya se precipitan hacia adelante.

Lo tomó del pelo obligándole a ir más allá. Se deja llevar.

Aquel dedo ya se coló un poquito en mi interior. Su masaje suave en la parte de arriba, allí donde se siente rugoso, es una delicia. Tiemblo.

Una mano libre sube hasta mi pecho. Mis pezones la reciben alterados y ansiosos. Los aprieta con dulzura.

Me noto temblar, me está llegando. Él lo sabe.

Juega un poco más pero abandona su presa dejándome expuesta y enfadada . ¿De veras? ¿ justo ahora?. Él sabe lo que hace.

Repta por mi vientre hasta mi boca, me besa hasta sacarme el poco aire que me queda, y con él, el enfado. Le devuelvo el beso con rabia.

Me apodero del cincel que noto contra mi costado. Lo aprieto casi con ganas de hacerle daño pero me contengo. Me basta sentirlo contra mi carne, por ahora.

Me toma de los hombros y me gira hasta dejarme tumbada bocabajo. No tardó en notar sus labios en mi nuca, en mi espalda . Me vuelvo a estremecer.

Sus manos sujetan mis brazos mientras siento su trozo de carne frotar mis glúteos, casi insinuándose entre ellos. No deja de besar o lamer mi espalda. Sigue bajando.

No tarda en llegar su meta. Un leve bocado deja una suave marca en mi mejor carne. Un beso con lengua viene a calmar el posible dolor. Lo consigue.

Noto un reguero de saliva caliente deslizarse entre mis glúteos. De nuevo me tiene a punto, lo sabe.

Separa mis carnes como aquel de la biblia. Su boca resbala entre ellas acompañada de una lengua traviesa.

Tengo que levantar mi grupa.

Un chasquido en mi nuca al notarlo justo allí donde nunca da el sol. Gimo avergonzada, me pone muchísimo eso. Lo sabe.

Juega en la zona hasta hacer que muerda la almohada. Un dedo hace rato que volvió a torturar mi clitoris pero ahora mas agresivo.

Estoy temblando, literal.

Su lengua provoca espasmos en mi columna. Sin llegar a entrar, solo se insinúa en mi puerta trasera. Me siento rígida y muy caliente. De nuevo lo noto nacer en mi vientre.

¡ cabrón, no me dejes ahora¡

Es todo lo que puedo decir cuando ya notaba convulsiones en lo más profundo. Me ignora. Lo odio.

Vuelve a mi cuello, a mi nuca, a mis mejillas pero dejándome sin premio.

Me vengaré.

Noto perfectamente ese trozo de carne chocar contra mi carne. Insinuante, caliente, deseado. Empujó hacia atrás para notarlo mejor encajado. Juguetón se desliza entre mis carnes arriba y abajo.

Unas manos tiran de mi cintura. Si, en cuatro me encanta.

Juega con su cabezota desde mis entrada trasera a la puerta principal . Para entonces estoy encharcada. Casi suplico.

Su cabeza abre mis pliegues hasta entrar un poquito en mi, quieto empujar hacia atrás pero no me deja. Sus manos me dominan.

Sigue jugando….será cabrón…

Al final empuja hasta dejar la mitad dentro de mi. Dejo escapar un gemido de placer y alivio.

Un poco más, casi toca fondo ya. Demasiado lento, demasiado…

Sus manos dominan mis caderas, se que no puedo hacer nada salvo quejarme, gemir y odiarlo.

Al fin esta todo dentro. Entra y sale haciendo que mis jugos se vuelvan cascada. Tira de mi, lo siento en el vientre. Aprieto yo misma mis pechos.

Cada empujón es un peldaño al cielo. Cada jalón de mi cabello un asalto al placer. Tiemblan mis rodillas, no me mantengo.

Caigo de lado sin permitir que se salga. Él reposa en su costado mientras sigue atenazando mis entrañas.

Con un mano sujeta mi pierna en alto mientras la otra me frota justo donde más necesito.

Entro en pequeñas convulsiones. Anhelo el relámpago liberador. La tormenta hace rato que mojó todo.

Lo siento duro, suave. El paraíso está a un paso.

¡ cabron, no te pares, no te pares!

Estallo enrojecida mientras siento como se sale de mi y se tumba de espaldas….pero, pero, pero ¿Qué hace?

Enciende un cigarrillo y lanza una larga nube de humo hacia el techo.

No voy a permitirlo.

Me siento sobre él. Qué siga fumando, yo a lo mío.

Me la meto casi con rabia mientras pellizco su pecho enfadada. Él sonríe…

No me vas a dejar así. Ni de broma.

Muevo mis caderas a mi ritmo. Que se vaya al diablo. Necesito llegar.

Lo cabalgo como si me fuera la vida en ello. Olvido el enfado al sentir de nuevo esos escalofríos reconocibles.

Apaga el cigarro en el cenicero a las dos caladas. Se apodera de mis pechos. El jodio sabe como hacerlo. Pellizca lo justo como para sentirlo en el cerebro. Hace rato que pasó el cabreo.

Me toma del culo y tira hacia sí de mi cuerpo. Se clava hasta el alma.

Separa mis nalgas y juega con mi esfínter.

Solo un poco más, solo un poco más….gimo acelerada.

Clava un dedo en mi esfínter. Rujo , bramo, pierdo la noción del tiempo.

Lo cabalgo desmadejada. Mis piernas aprietan sus caderas. Entro en convulsiones.

Todo aquel placer acumulado se dispara como si un trueno estallara en mi cabeza, en mi cuerpo. Caigo temblando sobre su pecho me invade la calma absoluta.

Acaricia mi cabello como quien calma a un niño caído. Me besa la cabeza. Aún sigue dentro de mi, duro, rígido. Sigo sintiendo pequeñas descargas eléctricas en el útero.

Me deja recuperar la calma. Se desliza de debajo de mí. Me tiene donde quiere.

Desnuda, desmadejada, rendida…y bocabajo.

Lo siento abrir mis piernas. Noto algo húmedo en mi culo. Húmedo y frio, es gel.

Primero un dedo, no tarda en ir acompañado de su compañero. No puedo resistirme.

Entran y salen de mi alejando por momentos ese pequeño dolor. Me relajo.

Su glande roza mis nalgas. No puede ser otra cosa.

Resbala entre ellas. Por fin llega.

Aprieta un poco, lo justo para abrirse paso. Duele pero aguanto.

Uno, dos, tres pequeños empujones y casi ha clavado la mitad de su trozo caliente. Duele, molesta…pero me gusta.

Separa mis glúteos antes de buscar mis profundidades. Lo siento en el vientre. Gimo, mitad dolor ,mitad placer.

Toma mis caderas, amasa mis glúteos. Soy un puro gemido.

No se cuanto rato estamos así acoplados. Solo se que siento calambres de placer de nuevo. Que aprieto hacia atrás para sentirme llena. Que me estaba rompiendo entera mientras me mataba de placer.

Su oleada caliente me hace gritar. Lo siento por los vecinos. La cascada de semen me lleva directamente al mundo del sin sentido. Su peso cae sobre mí cuerpo dolorido de placer mientras seguía hundido en lo mas profundo de mi ser.

Derrotados nos quedamos dormidos sin apagar la tele. ¿De qué iba la peli?...

A la mañana siguiente continúe con mi juego de provocación. Mi bata corta, la cucharilla que se cae al suelo…¡ ups ¡